Colony (Zona Cero) logra lo imposible: hacer que los zombies vuelvan a dar miedo

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Para muchos, las historias de zombies (o infectados) ya se exploraron hasta el cansancio.

Desde las iteraciones del clásico muerto viviente sediento de materia gris y con lentos movimientos, hasta la versión más moderna en la que son hiper agresivos, sobrenaturalmente fuertes y rápidos. Básicamente, se ha visto todo. Incluso también se ha jugado con el nivel de conciencia que éstos poseen, mientras que para unos, están (casi) completamente muertos, otros han planteado la posibilidad del pensamiento. Es tan vasta la exploración que prueba ser realmente difícil innovar en el género. Y aún así, llega “Colony” a probar lo contrario y refrescar el nicho.

La cinta está dirigida y coescrita por Yeon Sang-ho, la mente detrás del éxito “Tren a Busan”, obra que revolucionó y posicionó al cine coreano de los 2010s en el plano internacional. “Colony” sigue la historia de un grupo de sobrevivientes que se encuentran atrapados en un edificio tras un ataque de bioterrorismo.

Este planteamiento continúa con la vertiente que posicionó al director de “sobrevivientes en un espacio confinado que deben trasladarse a otro lado”. Sin embargo, en esta ocasión, para cambiar la dinámica un poco: Sang-ho hace que los zombies tengan un hive mind (consciencia colectiva) que les permite compartir el conocimiento y evolucionar acorde a esto.

La protagonista de la historia es Kwon Se-jeong, una científica que había asistido a la conferencia en dónde el brote inició en el edificio. Ella inmediatamente entiende lo que hace a los zombies tan peligrosos, por lo que usa su conocimiento de insectos a favor de la sobrevivencia del grupo.

Su misión principal es lograr detener a Seo Young-cheol, autor del atentado, quién pareciera no sólo ser la cura de esta enfermedad si no también el que los controla a todos. Esto lo logrará con ayuda de las autoridades, quienes monitorean de cerca la situación desde fuera del recinto.

Si bien, la historia es muy sencilla y completamente en la vertiente del director, la introducción de la consciencia colectiva refresca totalmente el género. No los hace zombies super inteligentes, pero sí los hace unos enemigos difíciles de enfrentar – pues su constante evolución entorpece los esfuerzos de sobrevivencia. Ésto a su vez ayuda al juego que se hace a lo largo de la cinta de las relaciones de autoridad y en dónde yace la ventaja que los acerca a la victoria.

De los grandes logros de la cinta, además de este cambio constante en la dinámica del poder, son los movimientos de los infectados y el diseño del edificio que invaden. La coreografía de los que dan vida a los no vivientes es perturbadora.

Sus contorsiones, stunts y movimientos – en especial cuando se mueven en grupo y en sintonía – crean una mezcla entre asombro y miedo. Ante todo, ésto causa una profunda admiración desde la perspectiva técnica y logística, pues coordinar a tanta gente para lograr esta sincronización no es fácil. Mucho menos cuando encima existe un tratamiento de horror además de múltiples emplazamientos de cámara.

Por otro lado, el espacio creado es grandioso. Éste se va convirtiendo lentamente en uno altamente grotesco, lleno de fluidos y materiales que parecieran ayudar a la comunicación entre los zombies.

El resultado de esta atmósfera son imágenes que suben la adrenalina en la audiencia – siendo particularmente espectacular el que aparece cuando todos se unen detrás de la puerta para proteger a su líder. Continuando con los logros visuales, “Colony” juega con las escenas masivas y distintas perspectivas.

La coordinación de tantos elementos (stunts, bits, etc), que de por sí dan material una gran toma, mezclados con el constante y rítmico cambio entre perspectivas termina por crear una identidad visual única que en ocasiones remite a las perspectivas de los videojuegos de first person shooter.

Ahora bien, si algo se puede criticar a “Colony”, es que a pesar de lo nuevo que propone, sí flaquea en su narrativa. El grupo de sobrevivientes en ningún momento es construido lo suficiente como para generar algún tipo de emoción en la audiencia.

Uno los apoya por el instinto de no querer verlos morir, pero, realmente no se hace ningún desarrollo de personaje que le permita a la audiencia empatizar con ellos. Esto provoca que no haya ninguna reacción emotiva cuando les llegan a algunos su eventual muerte. Tal vez, los que gozan de mejor construcción, son el par de hermanos en el grupo.

Asimismo, se puede decir que también saca de quicio el hecho que la protagonista, en un mundo lleno de suciedad, fluidos y sangre, en ningún momento se ensucia.

Si bien, se entiende el trasfondo de las exigencias estéticas a las mujeres en Corea, rompe con lo construido dentro de este universo saber que pasa toda la cinta completamente limpia, con maquillaje y peinado perfecto e incluso con ropa blanca casi intacta.

Finalmente, “Colony” es una película que logra lo que parece imposible: refresca el género zombie con una cinta que, con todo y sus carencias, entrega a la audiencia secuencias asombrosamente grotescas llenas de acción y horror. Ésta nos recuerda la magia de las producciones a gran escala y pone en evidencia la magnitud de la influencia que el horror coreano – y en general, asiático – tiene en la industria. Llegará a cines mexicanos el próximo 3 de septiembre, siendo imprescindible verla en pantallas IMAX.

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