«Dune: Parte 2» o la grandiosa epopeya de ciencia ficción que magnifica el cine
De vez en cuando, el cine entrega colosales obras que mueven emociones, trastocan el mercado e impactan en otras disciplinas en apogeos comerciales y reivindicaciones culturales que siempre son importantes, necesarias inyecciones de impulso en un entramado de influencia que requiere de movimiento creativo. Justamente esto se ha dado con la dos películas que componen la adaptación de Dune, de Frank Herbert, a cargo de Denis Villeneuve quien ha construido un proyecto de inmensas proporciones, eliminando una especie de maldición para la histórica novela que influyó en todo el género, la cultura pop y la literatura.
La primera parte estrenada en 2021 con la pandemia todavía presente dejó sensaciones encontradas, unánimes en cuanto a lo técnico pero divididas en la sustancia. Claramente, es difícil sopesar, mucho menos apreciar, el establecimiento de un universo tan rico con el debido tiempo, función que aquella película debió realizar. No obstante, Villeneuve fue inteligente en su estrategia al dejar la segunda mitad de la novela con sus respectivos remanentes de la otra fracción para ejecutar con amplio volumen épico una parte importante, para muchos la que sigue enganchando al leer la novela base.
Tres años después el viaje a Arrakis se retoma con casi tres horas llenas de una cantidad importante de contenido, elevando la deslumbrante forma y con cambios que dan armonía a la convivencia entre la pantalla grande con lo escrito. En pocas palabras, una clase maestra de adaptación al cine.

Paul Atreides se une a Chani y a los Fremen mientras busca venganza contra los conspiradores que destruyeron a su familia. Enfrentándose a una elección entre el amor de su vida y el destino del universo, debe evitar un futuro terrible que podría cambiarlo todo.
Sin ahondar demasiado en la historia, se nota el amor que Villeneuve tiene tanto por la saga de Herbert como al cine al realizar modificaciones que benefician lo que el espectador ve pero que al mismo tiempo expanden lo ya planteado por la novela, poscionando a esta cinta como un camino alternativo que se siente orgánico a la vez que si se nota la esencia del escritor.
Las decisiones que Villeneuve ha tomado para trasladar lo que una novela con la magnitud de contenido como Dune posee se aprecian correctas en su mayoría, dándole mayor foco a lo visual, a lo musical y a las actuaciones que se notan comprometidas, así como de una dirección que se potencia gracias a una fotografía que enaltece el propósito inmersivo de este proyecto.

La acción que se sentía ausente en la primera entrega parece despertar y le da volumen cinematográfico a la evolución de Paul Atreides.
Algo que sin duda es que espectacular es un acento notable es la ejecución de la crítica al fanatismo religioso que Frank Herbert quería darle a su Dune, acotando que tras el éxito de su publicación los lectores veían a Paul como un libertador, algo que Denis consigue cambiar tras finalizar la película, ya que al joven elegido se le ve como una figura mesiánica de influencia peligrosa.
Así mismo, los demás personajes que habían aparecido en el anterior filme cambian, acorde a lo que este nuevo camino requiere. Empezando por una Chani más decidida, un Stilgar más abnegado a su fé, una Bestia Rabban si bien más emocional más vulnerable, una Lady Jessica de una poderosa seductora mística, de un Barón Harkonnen más sutil (siendo este el que podría discutirse si requería mayor presencia tanto en diálogos como en acciones) y de un Gurney Halleck en su mayor punto de decisión, de entrega para con su nuevo líder, en su punto álgido de combate e impronta militar.

En cuanto a los nuevos personajes, es indudable que las sensaciones son positivas, alimentando un interés en quienes se acercan a este universo y dándole un nuevo impulso a aquellos que ya están inmersos, a la vez que enamorados de esta fantástica saga fundamental tanto para el sci fi como para la literatura en general.
Empezando por la sutil aparición de Christopher Walken como el Emperador Padisha que por su vestuario y su edad quizá no impongan de la manera tradicional pero si que su presencia transmite cierta dosis de sabiduría y decisión; Florence Pugh aporta mayor tiempo en escena a La Princesa Irulan, en este caso posicionada como una cronista inteligente de los acontecimientos (guiño al libro base), colmando a su interpretación de elegancia, belleza y misterio por sus propósitos; Austin Butler es quien destaca en cada escena como Feyd Rautha, distanciándose de la obra escrita, de aquella versión interpretada por Sting, menos afeminado pero más cruel, decidido y cínico, una inyección de malicia que se disfruta.

Como era de esperarse, los aspectos técnicos se mantienen en un alto nivel. El desierto se explota, se complementa con una secuencia de imágenes que ayudan a conocer la riqueza cultural de los fremen, ahondando en sus diferentes facciones, todo esto ayudando a que el espectador comprenda la magnitud de lo que está en juego, de las posibilidades para el destino de Muad’Dib, además del proceso que debe vivir para llegar a ser el Mesías esperado (aunque resistido por Atreides). Foto de un grandísimo autor como lo es Greig Fraser y una edición efectiva de Joe Walker.
Los vestuarios son espectaculares, dan una identidad a cada facción en disputa. Mientras que Lady Jessica se transforma en una Reveranda Madre con una estética ceremonial a Irulan se le ve con distintas combinaciones que remiten a la elegancia imperial y hasta de un guiño a las armaduras nobles que antaño habían.
La música de Hans Zimmer nuevamente cumple y sobrepasa las expectativas con una poderosa aportación en la inmersión. Escuchar tambores, coros, teclados en perfecta comunión es una delicia que debe vivirse en la pantalla más grande. El espectador retumba, se emociona, conecta con lo que ve, simplemente lo que se le exige al cine como arte.
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Sumado a lo anterior, hay que decir que la duración que se acerca a las tres horas no pesa y deja con ganas de más metraje, con interés latente en saber sobre cómo continúa esta historia que apenas ha comenzado, que apunta a seguir tanto en pantalla grande como en series.
El final que viene precedido por un clímax espectacular, atrapa, exige que se entre de lleno en la lectura de las novelas, de más visionados para procesar lo presentado. Hay que reconocer que pese a esto, hay algunos momentos que pueden bajar las revoluciones en pos de mayor presencia de secuencias de viajes extrasensoriales o de una calma que termina por explicar las líneas del conflicto más que anunciado anteriormente.
Es así como Dune: Parte Dos es una experiencia cinematográfica de amplios alcances, de épica construcción pero sobre todo, de una demostración de como obras que parecen imposibles de llevar a otros formatos se pueden adaptar, con varios cambios pero sin despegarse de la esencia. Si aún no te animas, corre a verla en cines no sin antes darle una oportunidad a la primera parte, algo que hará que disfrutes en plenitud de este magnífico universo.