Agradable, ingeniosa y rítmica: la «Tocada y Fuga» de Sergio Arau en el Lunario.
La cita era el miércoles 28 de noviembre de 2024 a las 20:30 horas en el Lunario del Auditorio Nacional. Estaban puestas las mesas, que aunque no tuvieran mantel: el evento que iba a acontecer era de manteles largos. Los fans empezaron a llegar desde varios minutos antes; para no perderse por ningún motivo del gran show de la noche: la Tocada y Fuga de Sergio Arau, quién también es conocido por otros nombres, que quizás solo los muy fans conozcan; pero los menos informados, o de no muy buena memoria, al menos recordamos el de Lazlo.
Se acercaba el momento de iniciar el concierto, la gente pedía algún aperitivo o bebida; el equipo técnico de Sergio acomodaba lo necesario: instrumentos, bancos, cables, sonido, entre otras. Después de una breve espera, se apagaron las luces, que a modo de pitazo, anunciaron que la Tocada iniciaría.
Salieron de los distintos accesos al escenario del Lunario; hombres y mujeres con estilos y prendas que destacaban de sobre el resto, como si con una especie de máquina del tiempo hubieran acordado darse cita a este recinto y tocar con Sergio. Había vestidos pomposos muy de la época victoriana, peluquines masculinos al estilo de la Francia de Luis XVI, estolas de plumas, abanicos, tacones de tap, entre otros elementos que difícilmente pasarían desapercibidos. El escenario acogía de forma unisona una mezcla entre la modernidad y lo clásico.
Arrancó el concierto con una rola que explica Sergio se le ocurrió junto con Bach: Barrocumbia, después tras compartir unos honguitos con Strauss surgió Danubio Blues. Posterior, relató Arau que se topó en vasco a un güey contando anécdotas de su relación matrimonial, de una tal Carmen. Resultó que este personaje era el mismísimo Bizt y la rola que salió fue Carmen de Cañón. Las narraciones siguieron y trajo a su memoria que una vez en la banqueta se encontró a un vato hablando en italiano, para su sorpresa era el autor de O Sole Mio y este estaba con una cruda enorme. A lo que Sergio le dijo que le iba cantar una receta de su abuela para las crudas: Pozole Mío.
Entre las narraciones, canciones, risas, visuales y jocosidad de los interpretes. Tras saber que este mismo día cumplía años Sergio Arau; los presentes le cantaron las mañanitas. A lo que él agradeció y por momentos platicaba y descansaba la garganta con tragos de lo que pareciera mezcal, o al menos eso hizo pensar uno de sus músicos renacentistas. Hablando de estos, durante los descansos se tomó el tiempo de presentar a los mismos: Califa (en el bajo), Óscar (en el teclado), Olinka (voz), Lalo (en la batería), Yareli (voz), entre otros.
El show no paró y se remontó a una época de la juventud donde se la pasaba de discoteca en discoteca, y en estas andadas dio con Juventino Rosas, quién dice Sergio fue el que inició lo del club de los 27. Y con quién creo Sobre las Olas del Bar. De Juventino se brincó a vivencias con Mozart, más en particular con la familia Mozart, de donde salió La Cuarentona de Mozart. Recordó al romántico de Tchaikovsky, con quién realizó La Hago de los Bisnes. Cuenta que en una época le pidieron a él y a Rossini (autor de la música del Llanero Solitario) que creara un infomercial de un hotel: Apertura del Guille Motel. Ya acercándose a la parte final del show relató acontecimientos con Vivaldi y un trauma que logró sacarse la familia del músico con la interpretación de Mi Prima Vera y el Vivales. Finalmente, terminó el repertorio con una colaboración del gran Beethoven: !Paraliza¡. (de quién su 9na sinfonía esta por cumplir 200 años, aunque ese es otro tema).
Y cuando parecía que Arau ya se daría a la Fuga, tras la petición de un pilón, interpretó por último Alármala de Tos; generando un gran furor que cerraría con broche de oro el tan disfrutable concierto; por ahí, al rededor de las 22:10 horas.